Chile. Federación Sindicatos CCU de Luksic: “Nuestra misión es crear consciencia crítica”

Andrés Figueroa Cornejo / Resumen Latinoamericano / 19 de febrero de 2019
Entrevista con Rodrigo Oyarzún, Presidente de la agrupación de asalariados del grupo
económico más poderoso del país
Rodrigo se desempeña hace 21 años en la planta de la Compañía Cerveceras Unidas de
Chile, CCU, de Quilicura, la más grande del país y donde se realiza todo el proceso de
producción de la cerveza, desde la mezcla de granos hasta su distribución. Desde el 2004 es
dirigente sindical y preside la Federación de Sindicatos de Trabajadores de la CCU-Heineken
hace 5 años.

-Tú trabajas y lideras una Federación de trabajadores de una de las empresas más
importantes del grupo económico Luksic, que a su vez es el principal holding del país y
cuyos intereses e inversiones se extienden, al menos, a varios países de la región.
Según la revista Forbes 2018, el grupo Luksic representado por Iris Fontbona se ubica
en el lugar 80 de las más abultadas fortunas mundiales, con un patrimonio de 16.300
millones de dólares. ¿Qué significa este contexto en tu condición de representante de la
parte de los intereses del trabajo?
No hago muchas diferencias entre ser presidente de una organización de trabajadores de un
conglomerado corporativo gigantesco, o serlo de una empresa menor. Las y los dirigentes
sindicales tienen una responsabilidad enorme en el lugar donde se encuentren. En términos
estructurales, la misión del representante de los asalariados es la misma: no sólo mejorar las
condiciones salariales y laborales de la clase social históricamente explotada, sino que la
tarea de aportar al mejoramiento del conjunto de la sociedad.
-¿De qué se trata una sociedad mejor?
De acuerdo al actual estado de las relaciones de fuerza entre opresores y oprimidos, siempre
fluctuante y en movimiento, no creo que esté a la orden del día la posibilidad inmediata de
construir un gobierno de los trabajadores y el pueblo. Pero al menos podemos actuar hacia la
creación de una realidad donde exista una mejor distribución de la riqueza (o del excedente
socialmente producido). En la actualidad mundial 26 personas acumulan la riqueza
equivalente a la distribuida entre la mitad de toda la humanidad. Resulta muy difícil aspirar a la
superación del modo de producción dominante de un día para otro. Lo que sí podemos hacer
es luchar por los derechos sociales que nos corresponden, como un trabajo digno y seguro, no
tener que endeudarse para comer, una salud, educación, vivienda, recreación,
medioambiente, igualitarios y de excelencia para todos.
El problema del endeudamiento en Chile es especialmente grave. Más de 4 millones y medio
de personas están en morosidad, y según el Banco Central, los hogares deben distraer
alrededor de un 70% de sus ingresos en pago de deudas. En los supermercados se puede ver
gente comprar pan con tarjetas de crédito. Y el fenómeno del increíble endeudamiento en el
país es transversal, no existen diferencias entre los empleados que ganan más y los que
ganan menos.
La compañía vive diciéndonos que nosotros estamos sobrepagados respecto del mercado. Sin
embargo, se trata de una distorsión de la realidad. Un asalariado que obtiene por la venta de
su fuerza de trabajo un millón de pesos (1.500 dólares mensuales), no significa que vive en
medio de lujos. De hecho, debe endeudarse para vivir, endeudarse si es que alguien de su
grupo familiar sufre una enfermedad seria. Un millón de pesos no alcanza para nada en Chile.

Aquí es muy fácil caer en la pobreza. Estamos refiriéndonos a un país donde todo es
mercancía comerciable, todo hay que comprarlo. El salario es la medida de todas las cosas
porque no hay derechos sociales garantizados. El 60% de los trabajadores gana alrededor de
450 mil pesos mensuales (680 dólares). Ir un par de veces al mes al supermercado para
abastecerse de la alimentación básica equivale a unos 200 mil pesos (300 dólares). Sin contar
los dividendos hipotecarios, ni los servicios básicos (agua, electricidad, gas, telefonía) que
están privatizados y son de los más caros del continente junto con el transporte público.
El precio del salario lo determina el mercado, la competencia entre empresarios y la
lucha social
-¿Qué ocurre entonces con los argumentos que usa la CCU para ‘conformarlos’ a
ustedes?
Respondemos que no es que nosotros estemos tan bien pagados, sino que la mayoría de los
trabajadores están muy mal pagados.
Por eso laborar en uno de los grupos económicos más poderosos a escala nacional, regional
e incluso mundial, no es tan distinto de lo que ocurre en otros holding de menor tonelaje en
materia de capital e inversiones. En otras palabras, el precio del salario no está determinado
por el tamaño de la empresa, sino que por el mercado, la competencia entre empresarios y la
lucha de los trabajadores.
-¿Y cómo es la relación formal con la empresa CCU?
Tratamos de mantener un diálogo lo más fluido posible, independientemente de que tengamos
posiciones contrapuestas. Existen, por supuesto, muchas dicotomías entre las cosas que se
dicen y las que se hacen. Por ejemplo, que los trabajadores tercerizados carezcan de los
beneficios de los empleados de planta, no nos parece adecuado. Yo en la planta de Quilicura
convivo con trabajadores que rentan el sueldo mínimo (435 dólares), y se ven obligados a
realizar dos turnos continuos para obtener un poco más. Ello pone en riesgo su seguridad
laboral, su salud, sus relaciones familiares y su misma productividad.
Al igual que en el resto del país, la empresa ha intentado aumentar la tercerización y el
subcontrato laboral, pero hasta el momento hemos logrado frenarla.
La responsabilidad social de los trabajadores
-¿Qué ocurriría si no existieran los sindicatos base y la Federación?
No podríamos negociar colectivamente, sin contar que sus resultados son mejores que el
promedio. Como nuestra tasa de sindicalización es de alrededor de un 60% -altísima respecto
del promedio nacional-, hemos conseguido importantes reajustes salariales. Y no se trata sólo
de la cantidad de asociados. Con el tiempo hemos conquistado el diseño de una agrupación

fuerte, sólida, respetada. Por lo demás, somos trabajadores que nos desempeñamos en la
industria alimenticia y de bebestibles, o sea, somos conscientes que nuestra labor está
asociada a la salud pública, y en consecuencia trabajamos con un alto sentido de la
responsabilidad social. Nosotros, los asalariados, producimos los bebestibles y alimentos que
luego nuestras familias, vecinos, las grandes mayorías van a consumir. Cualquier error que
cometamos tendrá un impacto en la ciudadanía. Allí se concentra nuestro compromiso
principal.
“La relación conflictiva entre capital y trabajo es una lucha permanente”
-Una tasa de sindicalización de un 60% supera con creces la media del país.
En efecto. De hecho, según qué entidad la contabilice, el promedio sindical en Chile está entre
un 10 a un 15% de toda la fuerza de trabajo en relación de dependencia. Y de esos
porcentajes, es mucho menor la cantidad de sindicatos que pueden negociar colectivamente.
Ahora bien, para nosotros, más allá de las negociaciones formales, tenemos la política de
negociar permanentemente. La Federación, que es reconocida por la firma, asesora a diario a
los sindicatos que la componen, aunque no tengamos siempre éxito.
Para nosotros la relación conflictiva entre capital y trabajo es una lucha permanente. No
aparece y desaparece con la apertura y el cierre de las negociaciones colectivas.
“A la concentración empresarial, unidad de los asalariados”
-Tú además eres consejero nacional de la Central Unitaria de Trabajadores, CUT. Con el
bajo nivel de sindicalización que existe en Chile, desde afuera es difícil entender que
existan otras tres multisindicales más. ¿Por qué?
Para mí es un despropósito. Como también es un despropósito que en la compañía CCU
existan tres federaciones de trabajadores y más de 50 sindicatos. En nivel de atomización es
enorme, así como ocurre en el resto del país. La proliferación de sindicatos pequeños, sin
fuerza, no hacen más que incrementar la desigualdad de la distribución de la riqueza. En estas
condiciones, el capital hace lo que quiere con los asalariados. Si quiere nos destruye, si quiere
nos mantiene.
En la CCU, las gerencias nos han repetido hasta el cansancio que la prueba de que la
empresa no es antisindical, es, justamente, la gran cantidad de sindicatos que hay. Lo que no
dicen es que con la inmensa dispersión sindical, la potencial fuerza de los trabajadores para
obtener beneficios, se diluye.
Mira, el diagnóstico sobre lo mal que nos hace la atomización sindical, al interior de nuestra
Federación la hicimos hace mucho tiempo. Lo que resolvimos fue pasar a la acción. De este
modo, de un tiempo a esta parte, hemos propiciado y conseguido la fusión de sindicatos, al

menos por unidades de negocio. Lo que hay detrás de esta práctica es una lógica muy
sencilla: ante la concentración del capital, respondemos con la concentración de los
empleados.

-Los de arriba tienen sus intereses clarísimos. El problema está abajo…
Y es político. Demasiados trabajadores se sienten parte del actual orden de cosas, parte de un
régimen que consideran natural, normal, y que creen que es imposible de modificar. Y por
tanto, se resignan a sobrevivir en él. Al respecto, en una ocasión un compañero sentenció que
‘el sistema nos doblegó’. Y estamos otros compañeros que consideramos que sí se puede,
que es duro hacerlo, pero no nos rendiremos.
Asimismo, existen otros problemas, como el caudillismo, la práctica de muchos dirigentes que
se pretenden dueños de sus parcelas, aceptan prebendas personales por sobre el bien
común. Pero pasa que cuando tenemos encuentros con las bases sindicales, con los
asociados, en espacios horizontales, los trabajadores plantean que hay que tener una sola
organización. Esto es, los socios comunes y silvestres tienen más conciencia de sus intereses
como clase social que varios dirigentes.
“Combinamos lo político con la ética”
-¿Y qué está haciendo la Federación para ir superando la resignación y el
doblegamiento sistémico?
En concreto, escuelas sindicales y de formación para dirigentes. El objetivo es ofrecerles un
conjunto de saberes teóricos y prácticos, distribuidos en módulos de economía, oratoria,
teatro, historia del movimiento obrero, para aportar a los procesos que requiere un dirigente
integral, combinando lo político con lo ético. Hasta ahora la escuela nos ha dado resultados
satisfactorios. Hoy contamos con dirigentes que, efectivamente, realizan el ejercicio de la
consciencia crítica. Y el propósito inmediato es que los dirigentes, a su vez, colaboren en la
formación de la reflexión y la práctica crítica de los socios. En este sentido, todavía hemos
tenido efectos relativos porque entendemos que se trata de procesos largos. Ahora sí, esta
tarea es estratégica.
-¿Por qué?
Porque a la hora del relevo de los dirigentes, necesitamos socios con consciencia de clase,
que se la jueguen por los intereses de los trabajadores y no defiendan, consciente o
inconscientemente, a los capitalistas. Ello tiende a evitar la burocratización y la dependencia
de la organización en los mismos de siempre. Mientras más participativa se vuelva la
democracia interna, menos delegativa y cada socio se transforma en un protagonista de su

vida social, en este caso en el sindicato. Es un cambio cultural complejo en un régimen
capitalista como el chileno.

“Los trabajadores deben ligarse con el conjunto de las luchas sociales”
-¿Cuáles son los desafíos inmediatos de la Federación?
Además de la escuela y la negociación permanente, está el antiguo desafío de la unidad al
interior de los trabajadores de la CCU. Y eso lo trasladamos a la CUT, tratando de llegar a los
mayores acuerdos con el mundo social, independientemente, de las distintas perspectivas
políticas, tipos de organización y estilos que allí existen. Hoy la mayoría social enfrentamos un
alto riesgo en relación a quién está gobernando y para qué lo está haciendo. El Estado chileno
es capitalista y sabemos muy bien que está al servicio del empresariado. Por eso tenemos
que conquistar la más amplia unidad de las fuerzas sociales, como el ambientalismo, la lucha
por la igualdad de género, la solidaridad activa con la resistencia del pueblo nación mapuche,
etc. Ese es uno de los fines del llamado a Paro Nacional Activo que hizo la CUT para el
próximo 11 de abril.
Nuestra Federación es político sindical. No lucha sólo por los salarios. El sindicalismo que
practicamos es político y está por la independencia de los intereses de la clase trabajadora.
-Como tienen opinión política, tú, como presidente de la Federación, ¿qué piensas de la
crisis en Venezuela?
Allá ocurre que los Estados Unidos están buscando por todos los medios quedarse con los
recursos naturales de Venezuela. Y lamentablemente hay gobiernos de países que se prestan
para los objetivos norteamericanos, probablemente por algún tipo de interés económico no
declarado. Pero es el pueblo venezolano quien debe definir su destino.

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